Amanece enero, el día 4, y el lucero del alba, (el lucero miguero para los campesinos del sur) aparece justo antes que la alborada. En este caso sobre los calares del río Mundo visto desde el barranco Mingonés. Un gran roble nos enseña sus ramas al trasluz.
En el vértice del amanecer a un nuevo año, en su aurora, con alegría por las aguas de lluvia de este otoño, agradecido por la amistad de tantos y con la pasión reforzada al alcanzar utopías que parecieren quimeras, os escribo a todos los amigos y lectores de este modesto blog.
Se acabó 2012 y hoy es 2 de enero del 2013. Este día me trae recuerdos históricos y personales algo pesarosos. Un día como hoy hace muchos años murió mi abuelo y en otro día tal se fue Granada. En su memoria.
En estas madrugadas, sobre el barranco Santamaría y frente a Fuente Grande la luna estaba inmensa y clara, como un hallazgo fulgente, perfilando con su luz el camino de las ardillas con nitidez e inusual belleza, creando tonos de azul azogue en las hojas de los árboles. Como se canta por aquí“ como la luna de enero …la más clara del año entero”. En la soledad de estos montes, en silencio, con los yelos y el frío necesario y natural en estos días, frente a la vida y junto a su lado, pilotando en cabotaje con los escollos y la verdad tan efímera y subjetiva, he alcanzado durante unos minutos una porción de felicidad serena al saberme agua y energía en pié dentro de la burbuja que crea nuestra atmósfera aún respirable.
Enfrente a ella, frente a esa luna lorquiana que reserva nostalgias y una lágrima por el poeta asesinado, ha aparecido otro astro entre los árboles por los Calares del Mundo, el llamado lucero del alba, previo al sol, por su alborada. Este amanecer me ha dejado inmóvil y atento ante la fantasía y el milagro que supone estar vivo y poder ver estos fenómenos que te dan la medida sincera de lo “ná que somos” y a la par de las posibilidades que este orden nos facilita.
Este año he cumplido el deseo de andar algunos caminos en la Tierra, a pié, que es la velocidad natural para los humanos, en un rincón de nuestro planeta, (ese punto azul menor del universo que es sin embargo la única casa para nuestra familia) este que tiene una armonía y unos ritmos que los humanos no podremos alterar más que levemente porque su naturaleza está compuesta a la par de humildad y piedra, de magma y fuego, de mar y cielo, sublime, compleja y sencilla, efímera y eterna, con una sabiduría a la que no tiene acceso ningún humano, tal vez sólo se atisbe esa inmensidad compleja con el ajedrez que nos induce a pensar que este juego, como el otro, es infinito.
Tomo la palabra, desde esta convicción y con la añoranza de poder convocaros a seguir resistiendo y creando, invitando a que nos federemos individuo a individuo en defensa firme de los dioses que nos animan (*) en este invierno severo, predio de una primavera anterior que avisa de la siguiente y que llegará bella con la magia del amor y la fuerza liviana e infinita de un beso a nuestros hijos, con la suerte de la amistad.
Aunque nos enturbian los aires y queman las ilusiones, aunque braman y mienten intereses espurios, como nos adelantó un amanuense por las paredes: “podrán cortar las flores pero no podrán parar la primavera”.
Y esta llegará con rocío en las amapolas y olores de albahaca, azahar, jazmín, romeros y yerbabuena.
Os doy las gracias con un abrazo de corazón, y deseándoos a todos salud. Os imagino con una sonrisa cómplice de esperanza, ojalá que con el deseo y soñando con ilusión un mundo mejor para la humanidad.
Por suerte hay centenares de personas que leéis de vez en vez mis opiniones y quiero aprovechar para deciros que tengo un sentimiento de respeto y gratitud hacia todos vosotros y que gracias a vuestra lealtad a esta propuesta, está siendo posible alcanzar las etapas y las promesas que hemos sugerido a la sociedad: más árboles y más conciencia.

Amanece y la luna sigue iluminando

Entre las ramas de un árbol al fondo el camino de las ardillas

La alborada y Venus el lucero miguero, el lucero del alba

La luna de enero clara
(*).
Tengo la fe y la certeza de que seguiremos. Que las acciones que promovemos son de justicia, que reclaman por si mismas integridad al planeta que nos alberga y a la certidumbre de la vida; que nuestra libertad consiste en que la tierra resulte libre de agresiones y por ello más habitable para todas las especies vivas y que la libertad es nuestro bien más preciado: estos son nuestros dioses.
No es tiempo de nostalgia o melancolías ni de susurros y miedos. Hemos de soñar y hacer… con respeto, tolerancia y en paz: a favor de todos pero firmes y valientes sin ceder un ápice, con silencio y tenacidad como norma y con la voz alta y la decisión irreversible de hacernos guerreros de la Tierra portando un mundo nuevo en nuestros corazones con la intención indeclinable de dejar un planeta sano y limpio a nuestros sucesores… Soñar una música que armonice a las mujeres y hombres con las conciencias y con la Tierra y saludar al lucero miguero, al lucero del alba de este 2013 con acciones directas y decididas a la par que íntegros y serenos.

Olivos y encinas