Ayer llegué ya de noche y cansado a un hostal en Bujaraloz. Esta comarca no se encuentra exactamente en la ruta de “El Camino de las Ardillas”, pero es una referencia en esta Península, un aparte. Queda conectada de forma natural a los Pirineos y con el Ebro como frontera a sus pies. Los Monegros son un indicador de hacia dónde nos llevó una cultura y una economía, y debieran serlo ahora de nuevo en la dirección opuesta.
Ya en la mañana de hoy, una niebla intensa no me ha permitido salir al campo hasta las diez. Conozco poco este terreno pero, desde que aprendí en la escuela sobre su existencia, me ha intrigado mucho. ¿Por qué el desierto de Los Monegros, de los montes negros a la vera del Ebro, al pie de los Pirineos? ¿Serían de lava sus piedras, de pizarra desnuda?
Pues no… Y son desiertos porque a alguien le pareció conveniente, a juzgar por lo que leo y por lo que veo. En un par de horas andando he observado cómo los árboles aguantan y esperan su ocasión en las lindes abandonadas, en las cañadas, en las riberas; cómo hay lagunas y cauces estacionales con aguas abundantes que desaparecen raudas al faltarles sus retenes naturales; y cómo, más que posiblemente, esta estacionalidad de aguas se distanció en mayor medida al despoblarse de vegetación tan masivamente.
Olmos, pinos, higueras, robles y chopos, protegidos en su nacimiento por enebros, lentiscos y aliagas, persisten en los lugares más ásperos. Casi testimoniales, sí, pero aguantando y solicitando la oportunidad de colonizar su espacio natural en esta comarca tan intensa como diáfana y con reverberos deslumbrantes en este día noviembre.
Un poco al sur, y en tanto hay una posibilidad, se implementan con más coscojas, retamas, enebros, lentisco, romeros… Y el musgo, a la sombra norte de todos ellos, nos da la dimensión de las nieblas y de las precipitaciones.
Hay una técnica en permacultura que se llama espiral inversa. Algo así como un “yo-yo”: hemos llegado al final de un trayecto y, con un suave tirón, este ha de volver sobre sí hacia la mano de nuevo… normalmente.
La sabina era su árbol, la que daba suelos y umbríos y, tal vez por ello, el monte era negro, los montesnegros, los monegros. No tiene prisa para crecer, aguanta y persiste.
Juan










Los árabes bautizaron a Los Monegros como al-Yabal al-aswad”(monte negro) y el cantar de gesta francés Cantar de Roldán cuenta de los monegros que no hay ninguna piedra de otro color que negra. En medio de Los Monegros se encuentra la sierra de Alcubierre, es una gran masa forestal de pinos y abundan sabinas, enebros, carrascas, quejigos… existe una gran potencialidad en la vegetación monegrina. Es esperable una gran recuperación, pero la actividad humana continua siendo muy intensa.
Un saludo
Grandísima reflexión!! felicidades!!. Te invito a que veas mi Blog porque creo que hay mucho en común. Se agradece cinco mil cuatrocientas veces encontrar a personas como tú, tantas como especies conviven en Monegros y tantas como lo convierten en el ecosistema más rico de toda Europa. Gracias!!
¡Magnífico! Muchos queremos hacer y dejar hacer como propones. Es necesario y ya toca pero… ¡cuidado! hay una hermosa estepa que proteger también por diferente y única.
¡Nos vemos en Monegros!