Hace justo un año comencé a andar este proyecto camino de las ardillas.
La primera acción concreta fue enterrar unas semillas en un lugar mágico mediante una propuesta y un rito que el amigo Felipe nos enseño a Iñaki y a mí y que él había aprendido en las selvas amazónicas.
Felipe se convirtió en el primer consulado de este proyecto que pretende crear un estado más, sí, pero éste de conciencia: más árboles y más conciencias. Felipe nos recibe entusiasmado cada vez que pasamos por Pamplona adonde está sirviendo café, agua, amistad e ilusión en la plaza Merindades en la embajada de su cafetería llamada Esperando-te.
Las circunstancias nos han permitido andar sólo mil kilómetros, en torno a una tercera parte de lo previsto, pero esas mismas circunstancias nos han permitido ver, trabajar y diseñar acciones que hace solo unas semanas estaban a mil años luz.
Hemos creado la estrategia (*) en estos doce meses y trece lunas que nos separan de aquella salida y las tácticas que nos permitan que este camino sea un componente más de los nuevos tiempos. De un gran maestro polaco (**) admirable por su talento destaco aquí una de sus reflexiones ocurrentes: “nadie ha ganado una partida abandonando”.
Gracias a él, en buena medida, a esa actitud combativa y coherente, hemos creado las condiciones para que en los siguientes meses podamos andar de nuevo de Tarifa a los Urales, por este camino natural que pasará a la pequeña historia de las cosas bien pensadas.
Hoy hay decenas de proyectos, y centenares de personas engarzados en este eje natural que abarca el territorio y la inteligencia: plantar árboles y sembrar conciencias.
Esta mañana una luna inmensa alumbraba los caminos, las semillas que plantamos desde el uno de agosto del 2011 están germinando y sus raíces nos afirman a la vida y crean el destino.
(*) La táctica consiste en hacer algo, cuando hay algo que hacer; la estrategia consiste en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer.
(**) Las citas pertenecen a Savielly Grigorievich Tartakower , polaco, maestro internacional jugador de ajedrez que murió en París 1956, unos meses antes de que yo naciera.










Ser es caminar.
Cuando las circunstancias se acumulan y toman más peso mental del que en realidad tienen, me subo a Los Anchos, en la alta Sierra, donde cada día determino que hay una cosa fija que hacer: caminar; un poco como Juan. Y aquellos atareos pierden importancia y pasan.
Pues eso, a caminar.
Ramón
Siempre es un placer entrar a este blog….. se hace camino al andar, por eso mismo, a caminar¡
Muchas gracias por tu energía¡
Esther
Impresionante la experiencia de Violeta, un lugar maravilloso Machu Pichu, lo conocí en mi juventud, siendo cooperante y tuve la oportunidad de ascender desde Aguas Calientes, bajo el sol abrasador y bajo una torrencial lluvia que nos empapó hasta el tuétano- allí los cambios son extraordinariamente rápidos- También recuerdo la sensación de axfisia, de falta de oxígeno y a la vez de satisfacción y de profunda sensación de plenitud, de estar en contacto con la naturaleza, de sentirla en toda su globalidad. Es verdad cuando hablas con el corazón la percepción es otra, ójala aprendieramos a hablar con él.
Volviendo a la península yo también recuerdo gratamente la ascensión al Amboto, aunque no pudimos acceder a la Cueva de Mari, creo que los tres pudimos sentir su expíritu entre nosotros, trasmitiendonos su gratitud por el proyecto que nos llevó hasta su cima. espero poder compartir con vosotros nuevos tramos de el Camino de las Ardillas.
Un afectuoso abrazo
Joseba Ruiz Golvano
Enhorabuena Juan y a todos los que habeis hecho posible esta realidad. El Camino de las Ardilla, despues de un añito, es una realidad que se ha conocido en todos los medios y eso hay que agradecerselo a todos los que, de una u otra forma, creais y creeis en el Camino. Juan, es sorprendente como conviertes sueños en realidad.
SALUD para TOD@S
Felicidades y enhorabuena por el aniversario del comienzo en la práctica del camino de las ardillas,por cierto, que casualidad Carlos ha visto hoy en el parque donde trabaja uno de estos animalitos(auténtica rareza en esta zona del mediterráneo)gracias por llevar a la acción este gran proyecto,que recién comienza.Un abrazo muy grande.
¡FELICIDADES¡ lo primero gracias a todos los que habeis hecho posible este proyecto,gracias tambien en nombre de mi hija que aun no tiene ni nueve años y siempre esta con las ardillas en la boca y es tambien por que su futuro sea un poco mejor gracias a proyectos como este y sobre todo por acogerme en vuestra familia que me da la inpresion que no deja de crecer como esas semillas por mi parte seguire regandolas desde aqui animo en el camino reponer fuerzas este verano para seguir adelante.salud
Que bueno Juan, este recuerdo. La idea fantástica de este Camino de las Ardillas que lleva un caudal de vida tremendo. También los recuerdos en Euskadi en Urkiola, Anboto, Gorbea, … con Iñaki, Joseba, … Inolvidable para mi. Aquí dejo un enlace con una foto en el bar de Felipe, en Pamplona. http://twitter.com/pescuezarr/status/230996205742727170/photo/1 Siempre recirdaré la frase de Ramón y Cajal ” plantar árboles y sembrar conciencias”. Con tu actitud has plantado y sembrado árboles y has plantado y sembrado conviencias.
Felicidades a esas ardillas que abren caminos en sus doce meses y trece lunas.
En el Camino Inca…
Es nuestro segundo día de marcha.
He dormido muy poco esta noche. El saco de dormir de alta montaña no ha sido suficiente para evitar que me pasara la noche tiritando de frío. Un poco antes del amanecer Carlos, nuestro guía y amigo, nos ha despertado para desayunar. Ahora llevamos varias horas caminando. Al principio la vegetación era escasa en las cimas de las altísimas montañas, más de 3500 metros de altitud, y andábamos por senderos que bordeaban grandes precipicios. Poco a poco hemos ido bajando para adentrarnos en el valle y nuestro pequeño grupo ha perdido su cohesión. Cada uno va a una velocidad distinta, en arreglo a su capacidad de resistencia. Ahora estoy sola, algunos se han quedado rezagados, Carlos y Esperanza están delante pero no alcanzo a verlos tampoco. La falta de oxigeno y la dureza del camino hacen estragos y las paradas para retomar fuerzas son frecuentes. Conforme avanzamos la vegetación se hace más tupida, las copas de los grandes árboles nos impiden ver el cielo y nos protegen del sol abrazador del medio día.
Me duelen los pies. Tengo sed, pero me he quedado sin agua en la cantimplora. Decido hacer un alto y me siento bajo un árbol enorme, no sabría decir a que especie pertenece, apoyo mi espalda en su ancho tronco y estiro mis piernas cansadas para relajarlas. Los ojos cerrados, respiro tranquilamente y los latidos de mi pobre corazón sometido a tanto esfuerzo se normalizan poco a poco. Una agradable sensación de paz me invade poco a poco. Empiezo a disfrutar realmente del lugar. Entonces una idea absurda cruza mi mente: “ voy a hablar con el árbol”. No es la primera vez que lo intento, pero no siempre sale bien o mejor dicho: no siempre obtengo lo que espero.
Me levanto y abrazada al majestuoso árbol de anchas hojas verde oliva que sostenía mi espalda, le pido:” muéstrame algo que yo desconozca”.
Respiro profundamente y cierro los ojos. Al cabo de unos segundos, ante mi aparece con una nitidez absoluta, el camino por el que he venido. Diviso perfectamente su recorrido hasta un recodo por el que aparece de repente una comitiva de Incas. Caminan lentamente en fila india de dos personas, ataviados con trajes de colores vivos y llevando bultos. Sorprendida por esta inesperada visión, me sobresalto cuando veo aparecer unos porteadores cargados con una silla de madera esculpida donde está sentado un Inca vestido con una capa roja, coronado con un especie de casco con plumas de colores y con semblante serio.
Tras la sorpresa, agradezco sinceramente al árbol esa imagen inesperada que ha compartido conmigo y acelero el paso para reunirme con Carlos que debe estar esperándonos en algún punto del camino.
-“ Carlos, este camino ¿quién lo solía recorrer?
- todos los que se dirigían desde el Qosco hasta el Machu Pichu.
- ¿ los grandes jefes también?
- sí, sólo que ellos no iban andando. Iban sentados en sillas de madera esculpida llevados por porteadores.”
Ahora sé que los arboles también tienen memoria y pueden compartirla con quien se lo pida desde el corazón.
Gracias a todos los arboles de planeta!
Violeta Isasi Simoncini
https://sites.google.com/site/violetaisasi/